Saudi landscape
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Hasta el año pasado, los precios del barril de petróleo habían oscilado entre 90 y 100 dólares, una caída que llegó como consecuencia de la crisis financiera de 2008-2009. Para diciembre de 2015, el precio del Brent había caído a 36 dólares el barril.

Con vistas al futuro, los países que dependen en gran medida de las exportaciones de petróleo, como Arabia Saudí, se han visto obligados a rehacer sus planes con el objetivo de garantizar una viabilidad económica al país en el futuro.

El Reino de Arabia Saudí es el mayor productor de petroleo del mundo, controlando cerca del 16% de las reservas que hay repartidas por todo el planeta. El crudo representa casi el 90% de los ingresos del gobierno y el 90% de las exportaciones del país. Cuando los precios del petróleo disminuyeron en 2015, Arabia Saudí registró un déficit presupuestario del 13% del PIB.

Saudi

Plan 2030 es un paquete de reformas ambiciosas entre las que se encuentra la vental del 5% de la compañía petrolera estatal Saudi Arabian Oil Company, también conocida como Aramco. Al hacer el anuncio, el príncipe Mohammad bin Salman proclamó la estrategia como una forma de acabar con la “peligrosa adicción al petróleo” de Arabia Saudí.

Se nos plantea la siguiente pregunta ¿Resulta muy difícil la transición en una economía que depende mucho de sus recursos? Un recurso natural altamente deseable puede llevar a otros sectores exportadores de un país a desaprovecharlos y a trabajarlos muy pocos, impidiendo que se genere una empresa diversificada.

Es decir, a medida que los importadores compran el recurso, aumentan la demanda de la moneda local y hacen que aumente su valor. Una moneda local más cara dificulta la competencia internacional de otros sectores exportadores. Este fenómeno se conoce popularmente como la enfermedad holandesa.

Además, los recursos naturales son, en cierto sentido, dinero fácil, su exportación no requiere una fuerza de trabajo grande y bien formada, un sistema judicial y regulatorio que funcione bien o mercados de capital bien desarrollados. Al ser altamente rentable, los gobiernos tienen menos incentivos para fomentar el desarrollo de estas y otras instituciones esenciales para una economía moderna y avanzada.

Ambos factores se dan en el caso de Arabia Saudí, Tawfiq al’ Rabiah, ministro saudí de comercio e industria, se refirió explícitamente a la enfermedad holandesa como uno de los principales desafíos del país, y entre los objetivos incluidos en el Plan 2030 uno de ellos es transformar el Fondo de Inversión Pública en el mayor fondo soberano de riqueza del mundo.

Sin embargo, los países con fondos soberanos existentes pueden permitirse mantener los ingresos de las exportaciones fuera de la economía nacional porque la mayor parte de sus ingresos proviene de los impuestos, mientras que en Arabia Saudí los impuestos son prácticamente inexistentes.

Saudi Rey

Además, las estadísticas de empleo refuerzan la falta de diversificación en la economía, sólo alrededor del 20% de los empleos del sector privado están ocupados por saudíes ya que el 80 de la población nacional trabaja en puestos públicos creados por el estado.

Tal vez la parte más publicitada de Plan 2030 es la venta de parte de Aramco, sin embargo, es importante destacar que esta venta no representa necesariamente una disminución en la cantidad total de producción de petróleo. De hecho, Aramco anunció que tiene la intención de seguir aumentando la producción en un futuro cercano.

Los Funcionarios del Estado han declarado que la valoración total de la empresa es de alrededor de 2 billones de dólares, lo que implica que una venta del 5% rendiría aproximadamente 100 millones de dólares.

El objetivo del estado es colocar estos activos en el Fondo Público de Inversiones, este fondo sería reestructurado para dotarlo de mayor transparencia e independencia del gobierno.

La venta de Aramco reduciría dependencia saudita del petróleo, sin embargo, aunque esto representa una medida de diversificación y una gran inyección de efectivo en las arcas del gobierno, la venta por sí misma no supondría una gran transformación en la economía saudita.

Más bien, representa una mera reducción de la dependencia de un activo, las reservas sauditas de petróleo, a otro activo, los activos financieros adquiridos por los ingresos procedentes de esta venta.

El verdadero reto para la reforma a largo plazo es cambiar la estructura del empleo y la productividad del sector privado, actualmente, sólo el 41% de la población activa en Arabia Saudí está empleada (la media de la OCDE se sitúa en torno al 60%).

En los últimos años, el gobierno saudí ha realizado varios programas para aumentar el porcentaje de saudíes que trabajan en el sector privado. El principal problema es que la gran mayoría de los empleados saudíes trabajan en el sector público y sus puestos de trabajo son, por término medio, mucho más remunerados que su equivalente en el sector privado.

 

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