America Latina
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La economía de América Latina está pasando por momentos complicados, tras casi una década de crecimiento en positivo los condicionantes externos están desapareciendo y las perspectivas de crecimiento no son muy alentadoras.

La proyección del FMI de cara a los próximos años es de una tasa de crecimiento de un 0,9%, la cifra más baja desde la Gran Depresión.

Pese a esta perspectiva negativa, hay algunos países que sí que están progresando económicamente, los del norte de América Latina que se ven contagiados por la buena situación económica de Estados Unidos.

Pero este no fue el único factor externo positivo, América Latina tenía una abundancia de acceso barato al crédito en dólares, gracias a las políticas monetarias expansivas de la Reserva Federal.dolar brasil

Además, los bancos centrales de la región no permitieron que la abundancia de dólares se revalorizara en sus monedas, y respondieron con una acumulación de reservas oficiales y una mayor oferta de moneda local, este aumento de la liquidez permitió a las empresas y familias nacionales tener un acceso barato al crédito, lo que condujo a un aumento del consumo y la inversión.

En la actualidad, América Latina, se enfrenta el riesgo de un posible “shock del dólar”, un aumento en las tasas de interés por parte de la Reserva Federal, que pondría fin al largo período de abundante liquidez que tanto ha beneficiado a la región.

Esto desencadenaría una inversión peligrosa de los flujos de capital, que devaluaría la moneda local y obstaculizaría seriamente la capacidad de pagar la deuda externa.

Las perspectivas de los países de la zona están fuertemente influenciadas por los factores externos. México y la mayoría de las economías de Centroamérica y el Caribe están vinculados predominantemente a la economía estadounidense, por lo que se beneficiarán de su crecimiento. Asimismo, las economías de Centroamérica y el Caribe se benefician de la caída de los precios de las materias primas, en particular del petróleo.

Para América del Sur, el nuevo contexto internacional es desfavorable, como consecuencia de sus modestos vínculos con Estados Unidos y la desaceleración de la economía china y el consiguiente impacto negativo que esto tiene en las materias primas.

Las naciones con mayor dependencia de la demanda directa de China son Chile, Brasil, Perú y Uruguay, que envían entre el 15 y el 25% de sus exportaciones a la potencia asiática.

Mientras tanto, desde mediados de 2016, hemos visto un colapso en el precio del petróleo debido a factores de oferta. Las economías más afectadas han sido Venezuela, Bolivia, Ecuador, Colombia y Bolivia, cuyos términos de intercambio (precio de las exportaciones en relación con el precio de las importaciones) se han deteriorado considerablemente.

Brasil, la primera economía de la región y séptima a nivel mundial, también muestra un deterioro alarmante.

America latina

Se espera que su PIB se reduzca en un 1% este año, como resultado de los choques externos y la inestabilidad política interna exacerbada por el escándalo de corrupción que involucra a la empresa estatal Petrobras.

Si a este escenario se suma el caos político, económico y social de Argentina, se espera que las tres economías más grandes de América del Sur (Argentina, Brasil y Venezuela) se vean afectadas por recesiones en 2015. En el lado positivo, Colombia, Chile y Perú tienen más margen de maniobra con la política económica para responder a las condiciones externas desfavorables.

Tras varios años de fuerte crecimiento del crédito, las entradas de capital y el aumento de la emisión de bonos corporativos en los mercados internacionales se da una normalización más rápida de lo esperado de las provisiones de la política monetaria estadounidense, junto con una apreciación del dólar, que podría perjudicar a los prestatarios con pasivos no financiados en dólares.

Los bancos centrales deberían seguir centrándose en mantener la inflación dentro del rango objetivo y estar preparados para intervenir oportunamente y contener la excesiva volatilidad del tipo de cambio.

En este contexto, no parece aconsejable tratar de contrarrestar el deterioro de las condiciones externas con un estímulo excesivo de la política macroeconómica, especialmente cuando el grueso de las condiciones propuestas en los últimos años se caracterizaron por ser transitorias.

Finalmente, como es costumbre al analizar los acontecimientos económicos en América Latina, llegamos a la siguiente conclusión:

Para sentar las bases de un crecimiento sólido, la atención debe centrarse en remediar las debilidades estructurales de la región: la mejora de las instituciones, educación, igualdad de oportunidades y el clima empresarial.

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